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martes, 27 de diciembre de 2016

Cosas que pasan todos los días

Nos llamaron porque un joven se había caído desde una ventana del primer piso. No es algo muy frecuente, pero a veces pasa. Al llegar, nos encontramos con un negro (lamento ser políticamente incorrecto, pero no se trata de racismo sino de ahorrar palabras, que decir “un hombre de raza negra” en cada ocasión es muy largo y diciendo simplemente “negro” nos entendemos todos) sentado en el suelo con un tobillo del revés, con un par de heridas en la nariz y en la sien que, claramente, no eran consecuencia de la caída, sino que ya las traía puestas antes del vuelo, y con una joven con pinta de putilla (siento dar mi apreciación, pero creo que, como ya veremos, no me equivocaba mucho) que le estaba atendiendo cariñosamente. A nuestro profesional saludo “¿Qué t’ ha pasao, majo?” nos contestó que había saltado por la ventana. La cosa empezaba a torcerse, que no es lo mismo caer que saltar. La samaritana sólo nos dijo que se lo había encontrado en la calle y, tras darle al negro un beso cariñoso en la mano, se esfumó aprovechando nuestro desconcierto ante un salto tan extraño.


“¿Y cómo te ha dado por saltar por la ventana?”, fue la siguiente pregunta más o menos lógica que le hicimos. “He discutido con mi novia y me he puesto nervioso”. La explicación seguía retorciendo cada vez más las cosas y empezábamos a pensar que la salida por la ventana tenía más misterio del que parecía. “¿Y no tenías a mano una puerta para salir?, porque la ventana está un poco alta y te podías haber hecho daño”.

Como a eso ya no contestaba, y al ver que no se asomaba nadie a la ventana nos dio por pensar que en el piso había ocurrido algo raro y decidimos subir a ver si la novia estaba bien (de salud) y, tras localizar la vivienda, llamamos a la puerta. Nos abrió una sesentona con cara de estar haciendo croquetas y que no se asustó al ver a la policía llamando a su puerta, que es lo que suele pasar cuando la policía llama inesperadamente a la casa de la gente de bien. Le contamos que en la calle había un señor que decía que había saltado desde su ventana y, sin inmutarse, nos dijo que de su casa no había saltado nadie. Al insistirle en lo que decía el negro y hacerle notar que la ventana-trampolín era justamente la que estábamos viendo desde la puerta, ya empezó a recordar: “Ah, sí, ese señor ha llamado a la puerta, me ha dado un empujón, se ha ido corriendo hacia la ventana y ha saltado a la calle”.


En nuestra limitada inteligencia aquello sonaba raro: “A ver, señora, ¿me está usted diciendo que un negro llama a su puerta, la empuja, sale corriendo y salta por la ventana y usted no llama a la policía, y ni siquiera lo recuerda cuando le preguntan? A mí, esto no me pasa todos los días ni todos los años y me acordaría bastante bien”. Mientras la señora nos miraba como si mirara a sus croquetas, imagino que pensando la siguiente explicación, una cuarentona con pinta de putilla (otra vez mi apreciación personal) apareció en el pasillo. Cuando le preguntamos si sabía algo del suceso nos dijo que ella tenía su habitación, que estaba cerrada con llave y que no había oído ni visto nada.


 Al intuir que aquello era una casa más alegre que las del vecindario, mi compañero le preguntó a la sesentona, ya convertida en madame (y no por señora), si conocía al negro de ocasiones anteriores. Pues resulta que sí, que había estado liado con una chica que había residido en la casa pero que se había marchado la semana antes, y que ese día el negro había ido a buscarla y al ver que no estaba en la casa se había tirado por la ventana, que es lo que cualquiera suele hacer en esa situación, supongo.

La explicación tampoco nos convencía, pero desde ese momento ya no cambió la declaración. En el piso no había nadie más que la chica que no sabía, no oía y no veía, y no teníamos por dónde seguir investigando si el negro no quería contar más.

El negro, tras nuestras intensas indagaciones y nuestras agudas preguntas nos contó que estaba retozando con una chica de la casa alegre y que oyó ruidos de alguien que entraba en la casa y, pensando que era su mujer la que llegaba, decidió salir apresuradamente por la ventana para que no lo viera. La explicación, además de no parecerse a la de la madame, tampoco era convincente pero, como en el caso anterior, ya no quiso contarnos nada más.


Yo no sé qué pasó, que soy de escasa imaginación. Supongo que fue a pasar un rato de diversión (¿tal vez con la samaritana?) y en el piso hubo algo más que palabras con alguien que le puso al negro las cosas claras y las heridas en la cara. El negro vio la huida fastidiada y prefirió salir por la ventana. O lo sacaron, que eso no lo sabremos nunca. Ese alguien se marchó a continuación del negro, pero saliendo por la puerta, y no se quiso quedar a dar explicaciones, dejándonos con la intriga.

Si alguien tiene una idea mejor me la puede contar pero, mientras el negro no hable, de poco nos va a servir.

8 comentarios:

  1. EL negro fue preguntando por Melchor y Gaspar,que estaban gestionado unos repartos con unas "pajes" se acercó mucho a una mula que había y le marco la cara de una coz, empezó a ver estrellas, se fue a la ventana a coger una y se cayó. No veo nada raro. Miraste si en la habitación había un niño pequeño y un buey?

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    1. Sí, si había algo raro. No encontramos a la virgen.

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  2. Detrás del negro (al final con la explicación de la no corrección has gastado más energía, je,je) hay una apasionante historia. Parece el inicio de una novela o al menos relato, anímate a escribirla que sí tienes imaginación hombre ! En italiano, árabe, valencià o mejor en riguroso castellano. ¡Qué cosas te pasan!

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    1. Me limito a ser un cronista de la realidad oculta. Además, la novela, relato o lo que fuera, nunca alcanzaría los niveles surrealistas de la realidad, que es lo que hace interesantes estas aventurillas que os cuento.
      Y no me pasan a mí. Le pasan a otros y por eso las cuento.

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  3. El negro fue a retozar pero, cuando acabó la faena, no tenía para pagar (o no quería). Las mujeres presentes le rodearon, le exigieron que pagara y, al ver que él no aflojaba el parné, le atizaron. Algunos golpes que fueron a la cabeza le alcanzaron la cara, mientras la madame echaba la llave a la puerta, amenazando: "De aquí no sales mientras no pagues". El hombre no vio otra salida que la ventana y allá se fue.
    La que estaba hablando con él podría conocerle del barrio o ser una transeúnte desconocida que, simplemente, al verle caído en el suelo, se acercó a ver qué le pasaba. Una vez la policía tomó cartas en el asunto, ella ya no pintaba nada allí y por eso se fue.

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  4. Pues a mí se me ocurren varias explicaciones, todas similares a la de Escorpiuser, pero vamos, que después de leer varios comentarios, me quedo con la de la no-Virgen, y aplaudo la idea de que escribas una novela con las cosas que no te pasan todos los días, basándote en las que sí te pasan. Entre lo que recuerdes y lo que inventes, te sale el libro del año.

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    1. Es curioso, pero nadie da por buena la explicación del protagonista. No entiendo por qué.
      Gracias por tus comentarios.

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